La transitología…

Toda una etapa estuvo marcada por Bobbio, a su luz me acerqué nuevamente a viejos autores, como el mismo Robert Dahl de “La democracia y sus críticos”, y conocer mejor a Samuel Huntington. Pero la crisis de la democracia venezolana no dejaba de estar en el centro de mis preocupaciones y acciones. Pensando que el momento del cambio se encontraba cercano me incorporé al esfuerzo de algunos equipos para pensar la transición a la democracia en Venezuela. Eso abrió otro universo de pensadores.

“Con afán didáctico Huntington presentaba, para empezar, un concepto procedimental de la democracia, de raíz schumpeteriana, como proceso de selección de líderes a través de unas elecciones competitivas por parte de las personas gobernadas.”

Acá volvemos a Samuel Huntington y “La tercera ola: la democratización a finales del siglo XX”, obra que marcó un nuevo horizonte en la comprensión histórica de los procesos de cambio de los regímenes autoritarios hacia la democracia. Con afán didáctico Huntington presentaba, para empezar, un concepto procedimental de la democracia, de raíz schumpeteriana, como proceso de selección de líderes a través de unas elecciones competitivas por parte de las personas gobernadas.

Identificaba luego tres grandes olas de transición a la democracia en la historia contemporánea. A saber, una primera iniciada alrededor de 1828 en Estados Unidos, extendiéndose en una progresiva ampliación de ciudadanía hasta llegar al siglo XX. Una segunda tras finalizar la Guerra Mundial en 1945. Y una tercera ola, que analiza con especial cuidado, que se inició en 1974, con la Revolución de los Claveles en Portugal, y se extendió hasta la salida de Pinochet del gobierno de Chile. Posteriormente se detenía en la caracterización de los procesos de transición a la democracia a finales del siglo XX. Esta obra marcó un hito importante, y todo aquel que estudie transiciones ha de pasar por su lectura.

Es en el marco de esta “tercera ola” en la que el pensamiento político sobre las transiciones a la democracia, la transitología, tomó su forma más acabada. Lo que se percibe claramente en la recopilación, coordinada por Guillermo O’Donnell y Philippe C. Schmitter, con Laurence Whitehead y Abraham Lowenthal, sobre las transiciones desde un gobierno autoritario, editada en castellano por Paidós, que se convirtió en otro texto fundamental y trascendente, porque permitía tener una acercamiento a la exposición tanto de casos concretos, como los latinoamericanos o los de Europa meridional, así como a temas específicos, como el rol de las elites y de los militares, que constituían un caudal importante de información para la reflexión y la acción política.

Buscando comprender los casos de las diversas transiciones era necesario también revisar obras como la de Adam Przeworski, “Democracia y mercado: reformas políticas y económicas en la Europa del Este y la América Latina”, así como la que escribió Juan José Linz (quien también había realizado “La quiebra de las democracias”) junto a Alfred Stepan dedicado a los problemas de la consolidación de la democracia luego de las transiciones en América Latina y Europa.

En esta misma corriente me pareció muy útil el acercamiento que Laurence Whitehead realizó a la teoría de la democracia en su obra “Democratización: teoría y experiencia”, donde remitía a una útil metáfora para hacer comprender los límites de la flexibilidad en las nociones de democracia, el del barco anclado en un puerto, que puede moverse con las olas pero siempre permanece alrededor de un pivote central.

En esta obra Whitehead recapituló la lista de las siete condiciones que Robert Dahl definió para definir a un régimen como democrático, al que Philippe C. Schmitter y Terry Lynn Karl agregaron dos: (1) el control del gobierno por parte de funcionarios públicos constitucionalmente investidos; (2) funcionarios escogidos en elecciones frecuentes y limpias sin coerción; (3 y 4) todos los adultos pueden elegir y ser elegidos para los cargos; (5) los ciudadanos pueden expresarse libremente, sin miedo a un castigo; (6) los ciudadanos tienen acceso a fuentes plurales y alternativas de información; (7) asimismo tienen derecho a organizarse libremente; (8) las autoridades electas pueden ejercer su poder sin una resistencia de funcionarios no electos; y (9) la política tiene autonomía, no está intervenida por otros actores externos a ella misma.

Finalmente, el trabajo publicado en 2016, editado por Abraham Lowenthal y Sergio Bitar, “Transiciones democráticas: enseñanzas de líderes políticos”, es una obra sólida para recorrer en primera persona, a través de entrevistas a líderes fundamentales, diversos procesos de transición a la democracia en el mundo, junto con análisis sintéticos de dichos procesos. Es especialmente útil y de lectura emocionante.

El concepto de democracia parecía estar relativamente claro, la posición procedimental de Schumpeter, dominante, se clarificaba con la concepción de poliarquía de Dahl y se completaba con las condiciones necesarias para considerar a un sistema como democrático. Pero la realidad política se llenaba de matices… y la zona gris parecía extenderse con nuevas formas de autoritarismo.

Enfrentando al ornitorrinco: los híbridos

Se dice que la hipocresía es el homenaje que el vicio le otorga a la virtud. Quizás esto haya sucedido con la democracia a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. El paradigma democrático se hizo tan dominante a nivel mundial que los liderazgos autoritarios se vieron obligados a vestir su ropaje para seguir gobernando.

Como el acercamiento a la teoría democrática no obedecía a un preciosismo académico sino a la necesidad de construir una respuesta a la crisis concreta de Venezuela las teorías tradicionales resultaron insuficientes. No era Venezuela, en ese momento, una autocracia tradicional, sino que se desarrollada una autocratización en el marco de un terreno fangoso, resbaladizo, que algunos autores denominaron “regímenes híbridos”. Entonces, para comprender y transformar esta realidad, hubo necesidad de acceder a otra bibliografía.

“Ya Guillermo O’Donnell se había acercado a definir a las “democracias delegativas” como un fenómeno en crecimiento en 1994, regímenes con escasa institucionalización, con un personalismo exacerbado, donde un líder electo actuaba sin controles institucionales al poder”

Con el equipo del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, que coordina Benigno Alarcón, nos fuimos adentrando en el estudio del enfrentamiento contra los nuevos autoritarismos. Ya Guillermo O’Donnell se había acercado a definir a las “democracias delegativas” como un fenómeno en crecimiento en 1994, regímenes con escasa institucionalización, con un personalismo exacerbado, donde un líder electo actuaba sin controles institucionales al poder. Muchos autores habían intentado darle una definición adecuada a estos “ornitorrincos” de la política, desde democracias de fachada, democracias electorales, democracias iliberales hasta semi-autoritarismos.

Pero el tema de estos regímenes híbridos llevó a la exploración de algunos autores que me parecen claves. Por un lado los trabajos de Steven Levitsky y Lucas Way, primero en forma de artículos, luego en forma de libro, sobre los “autoritarismos competitivos” definieron un concepto para trabajar, y lo caracterizaron, no como una etapa en una transición truncada, sino como un régimen en sí mismo, con su propia entidad y con una tendencia a estabilizarse en el tiempo.

Por otro lado los artículos de Larry Diamond llamaban la atención al mismo fenómeno más desde la perspectiva del ascenso de regímenes y poderes iliberales. En “Authoritarianism Goes Global” que editó junto a Marc Plattner y Christopher Walker se analizan a los “cinco grandes” ejemplos de resurgimiento autoritario: China, Irán, Rusia, Arabia Saudí y Venezuela. El capítulo sobre Venezuela lo redactó Javier Corrales, quien me había impresionado en el trabajo, realizado con Michael Penfold, “Un Dragón en el trópico” sobre la autocratización venezolana.

El cuarto autor es Leonardo Morlino, quien había realizado importantes acercamientos al tema de la democracia en su trabajo “Democracias y democratizaciones”, y quien también se dedicó a enfrentar a los regímenes híbridos, poniendo en duda mucho de lo escrito previamente sobre su especificidad como categoría, pero tratándolos en un documento de trabajo publicado por FRIDE en 2008, que me resultó bastante útil: “Hybrid Regimes or Regimes in Transition?” donde apunta a una tipología: democracias protegidas, democracias limitadas y democracias sin ley.