La entrada triunfal de Simón Bolívar a Caracas el 6 de agosto de 1813, procedente de occidente, coincide con las victorias de Santiago Mariño en oriente. Muy pronto ambos encuentran una reacción realista importante, y en junio de 1814 José Tomás Boves derrota a las fuerzas patriotas y la restauración de la República se pierde, y sus generales se avientan al exilio. Aunque Bolívar pensó acerca del tema constitucional y se propuso una Constitución Nacional distinta a la de 1811, lo cierto es que en medio del fragor de la guerra no hubo tiempo para hacer mayores adelantos, más allá de haberle encargado a Francisco Javier Ustáriz el cometido y participarlo al Congreso de Nueva Granada. Luego, con el desembarco del ejército comandado por Pablo Morillo en Carúpano el 3 de abril de 1815, la República terminó de quedar bajo las aguas y Venezuela regresó enteramente a manos españolas, salvo en los reductos de resistencia que José Antonio Páez, Manuel Carlos Piar y Francisco de Paula Santander (en los llanos de Casanare) mantuvieron en sus reinos.

El Congreso de Cariaco (1817)

La urgencia guerrera en 1816 ocupa a Páez enteramente en sus territorios, donde el ejército realista penetra sin vencerlo, lo mismo ocurre en 1817 con Piar en Angostura, mientras Bolívar regresa de su exilio jamaiquino y haitiano y recupera el mando, previo fusilamiento de Piar el 16 de octubre de 1817. Antes, el 8 de mayo de este año, tiene lugar el Congreso de Cariaco, un hecho que cierta historiografía pasa por debajo de la mesa, pero que a los efectos del proyecto federal es de la mayor importancia, tanto por ser un intento de recuperación del federalismo como por hacer evidente la magnitud de sus enemigos.

“Deciden, entonces, organizar el Congreso y nombrar autoridades sobre la base de las instituciones de seis años antes. Se forma un Triunvirato integrado por Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Mayz y Simón Bolívar.”

Está de vuelta en Venezuela el presbítero chileno José Cortés de Madariaga, después de tres años de cárcel en Cádiz y el sacerdote, como sabemos, fue personaje central de los hechos del 19 de abril de 1810, en el famoso balcón. El canónigo le propone a Santiago Mariño regresar al esquema federal de la Constitución de 1811 y a éste le parece bien, ya que era más proclive a cualquier forma constitucional que mejorara su situación en desmedro de la de Bolívar, con quien tenía una situación de tirantez silenciosa.  Deciden, entonces, organizar el Congreso (entre el 8 y el 9 de mayo de 1817) y nombrar autoridades sobre la base de las instituciones de seis años antes. Se forma un Triunvirato integrado por Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Mayz y Simón Bolívar (sin consultarle, obviamente). Mariño es designado Jefe Supremo del Ejército y Luis Brión de la Armada. En la asamblea estaban presentes Francisco Antonio Zea, Diego Bautista Urbaneja, Luis Brión, Manuel Isava, Diego Vallenilla, Francisco Xavier y Diego Alcalá, Manuel Maneiro, Francisco de Paula Navas y, por supuesto, Cortés de Madariaga.

En el Acta que se levanta el 8 de mayo de 1817, evidentemente escrita o dictada por Cortés de Madariaga, dada la reiterada invocación de la divinidad, se lee: “Que desde este día reasumimos el carácter nacional representativo a que hemos sido restituidos, por el eminente general Santiago Mariño, procediendo éste en nombre del Jefe Supremo de la República, el digno ciudadano Simón Bolívar y el suyo propio, como segundo jefe encargado al presente de las riendas del Gobierno. Y hacemos saber a todo el pueblo de la Confederación invocando al Ser Supremo como testigo de la pureza y honradez de nuestras intenciones, que desde hoy se halla restablecido el Gobierno Federal de la República de Venezuela, en sus tres departamentos legislativo, ejecutivo, y judicial, para el debido despacho de los negociados que respectivamente les corresponden.” (Franceschi, 2012: 117).

Bolívar en cuanto se enteró de la ocurrencia del Congreso y del proyecto federal, lo desechó rotundamente con su silencio. En carta fechada el 6 de agosto de 1817 y desde Angostura, Bolívar se dirige a Martín Tovar Ponte, su viejo amigo, y le dice que por fin se cuenta con “Guayana libre e independiente” y le relaciona lo que esto significa para el futuro de sus proyectos in pectore.  En cuanto a Cariaco, afirma: “El canónigo restableció el gobierno que tu deseas y ha durado tanto como casabe en caldo caliente. Nadie lo ha atacado y él se ha disuelto por sí mismo. En Margarita lo desobedecieron; en Carúpano lo quisieron prender; a bordo lo quisieron poner en un cañón, se entiende para llevar azotes; aquí ha llegado y aun no se le ha visto la cara porque sus individuos se dispersaron, no de miedo sino de vergüenza de que los muchachos lo silbasen. Yo he usado la moderación de no haber escrito ni una sola palabra, ni de haber dicho nada contra el tal gobierno federal y, sin embargo, no ha podido sostenerse contra todo el influjo de la opinión. Aquí no manda el que quiere sino el que puede.” (Bolívar, 1950: 254).

“..Se ha dicho que el centralismo de Bolívar era netamente caraqueño, mientras el federalismo de los otros era provinciano, pero vemos como Tovar, más caraqueño y mantuano imposible, se inclinaba por el federalismo.”

Como era de esperarse, Bolívar desaprobaba con su silencio el proyecto federal de Cortés y Mariño. Si en 1812 al federalismo lo atajó un contradictor tenaz, ahora el mismo seguía en su negación. Curiosamente, se ha dicho que el centralismo de Bolívar era netamente caraqueño, mientras el federalismo de los otros era provinciano, pero si bien puede haber algo de cierto en esto, vemos como Tovar, más caraqueño y mantuano imposible, se inclinaba por el federalismo.

El Congreso de Angostura y la creación de la República de Colombia (1819)

En 1818 llega la Legión Británica a Margarita y Angostura y entonces Bolívar, de acuerdo con Santander, teje su proyecto neogranadino. Antes, el 15 de febrero de 1819, se constituye el Congreso en Angostura bajo la impronta de Bolívar. Se redacta una nueva Constitución Nacional que, naturalmente, ya no es federal. Bolívar pronuncia el Discurso inaugural  del Congreso y presenta su proyecto constitucional. Entonces, afirma: “La continuación de la autoridad en un mismo individuo, frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.” (Franceschi, 2012:129).

El joven caraqueño es electo Presidente de Venezuela y de inmediato prepara su ejército para invadir el territorio de Nueva Granada y liberarlo de la dominación española. Así lo hace, y el 7 de agosto destroza al ejército español en la batalla de Boyacá, con lo que queda sellada la independencia de Colombia. De inmediato, toma cuerpo en la mente del Libertador la idea de crear una sola República, y así lo plantea ante el Congreso reunido en Angostura el 11 de diciembre. Este Congreso, seducido por la proposición bolivariana, dicta la Ley Fundamental de la República de Colombia, el 17 de diciembre de 1819, creándose así una sola República de Colombia con los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca, cuyas capitales serán Caracas, Quito y Bogotá. La Ley Fundamental ordena la reunión de un Congreso en Cúcuta en enero de 1821. A este Congreso se le encarga la redacción de la Constitución Nacional de Colombia, señalándole el camino la ya promulgada Constitución Nacional de la República de Venezuela en Angostura, el 15 de agosto de 1819.

La Constitución de 1819 es de impronta bolivariana y, en consecuencia, es centralista. Bolívar se expresó muy claramente en contra del federalismo de la constitución de 1811. El Congreso de Angostura no fue exclusivamente electo con objetivos constituyentes, ya que tomó decisiones previas, pero sí se abocó a la redacción del texto constitucional, lo que nos conduce a afirmar que su naturaleza no fue constituyente en el sentido expreso. Estuvo compuesto por 26 de los 30 diputados electos y se extendió desde el 15 de febrero de 1819 hasta el 20 de enero de 1820. El sistema electoral escogido fue el censitario, sobre la base de la condición de ciudadano activo. En tal sentido, votaban los varones mayores de 21 años, que supiesen leer y escribir, que fuesen propietarios. El período presidencial se estableció en cuatro años, sin reelección inmediata, pero si con un período de por medio. La organización político territorial comprendió diez provincias: Barcelona, Barinas, Caracas, Coro, Cumaná, Guayana, Maracaibo, Margarita, Mérida y Trujillo.

A la carga contra el Federalismo

Siete años después del Manifiesto de Cartagena(1812), Bolívar, lejos de cambiar en algo sus ideas sobre el federalismo, acentúa sus argumentos en contra y afirma en el Discurso ante el Congreso de Angostura, refiriéndose al Congreso constituyente de 1811: “El Primer Congreso en su Constitución federal más consultó al espíritu de las provincias, que la idea sólida de formar una República indivisible y central.” (Franceschi, 2012:134). Como vemos, hay un reconocimiento por parte de Bolívar del proceder democrático de Roscio e Isnardi: consultaron al espíritu de las provincias, hecho que al parecer a Bolívar le resulta inconveniente en aras de la “República indivisible y central”.

Más adelante explica que: “Aquí cedieron nuestros legisladores al empeño inconsiderado de aquellos provinciales seducidos por el deslumbrante brillo de la felicidad del pueblo Americano, pensando que las bendiciones de las que goza son debidas exclusivamente a la forma de gobierno y no al carácter y costumbres de los ciudadanos.” (Franceschi, 2012:134). En otras palabras: el federalismo sirve en los Estados Unidos por razones culturales, en Venezuela no. Incluso lo explica, ya en tarea de antropólogo y sociólogo, afirma: “Más por halagüeño que parezca y sea en efecto este magnífico sistema federativo no era dado a los venezolanos gozarlos repentinamente al salir de las cadenas. No estábamos preparados para tanto bien; el bien, como el mal, da la muerte cuando es súbito y excesivo. Nuestra condición moral no tenía todavía la consistencia necesaria para recibir el beneficio de un gobierno completamente representativo, y tan sublime que podía ser adaptado a una república de santos.” (Franceschi, 2012: 135).

“Es decir, los venezolanos penábamos por un pecado que nos fue perdonado, los estadounidenses no. ¿Por qué? Es algo difícil de entender, pero es elocuente acerca del concepto que Bolívar tenía del gentilicio venezolano”

Es decir, según Bolívar el pueblo norteamericano era muy superior al nuestro, y sí tenía la reciedumbre moral para asumir el federalismo, mientras nosotros no. Pero el Libertador no se queda en lo enunciativo, explica por qué nosotros no en un párrafo en el que se advierten rasgos de psicología social y, por supuesto, trama cultural. Señala: “Séame permitido llamar la atención del Congreso sobre una materia que puede ser de una importancia vital. Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el Americano del norte, que más bien es un compuesto de África y de América que una emanación de Europa, pues que hasta España misma deja de ser Europa por su sangre Africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a que familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano, y con el africano, y éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes de origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia.” (Franceschi, 2012: 135). Como vemos, amplía lo dicho en la Carta de Jamaica de 1815, y pareciera enredarse en un galimatías, aunque el vocablo “reato” nos lo aclara, significa: “Obligación que queda a la pena correspondiente al pecado, aun después de perdonado.” (DLE). Es decir, los venezolanos penábamos por un pecado que nos fue perdonado, los estadounidenses no. ¿Por qué? Es algo difícil de entender, pero es elocuente acerca del concepto que Bolívar tenía del gentilicio venezolano, al que conocía muy bien, y al que distinguía claramente del norteamericano.

Como se hace evidente a través de estas líneas, el Libertador era un partidario del centralismo y esto, naturalmente, siendo enorme la influencia de Bolívar en su tiempo y después, ha incidido enfáticamente en el concepto que sobre el funcionamiento de la República tenemos los venezolanos. Por más que la realidad nos demuestre una y otra vez que el federalismo es propicio para la descentralización del poder, que lo distribuye y obliga a compartirlo, que favorece los equilibrios democráticos y aceita en la comunidad la negociación, el diálogo, la colaboración entre poderes autónomos que tienen un fin común, la impronta centralista vuelve por sus fueros.

“Es curioso que no se haya advertido claramente entonces que parte del éxito de los Estados Unidos radicaba en su federalismo”.

Incluso, es evidente que entre las causas de la pérdida de la República de Colombia, la de no haber optado por un esquema federal fue la más importante. Era imposible que los venezolanos recibieran órdenes desde Bogotá sin que gozaran de la más mínima autonomía, tampoco los quiteños se avenían con el esquema. Es curioso que no se haya advertido claramente entonces que parte del éxito de los Estados Unidos radicaba en su federalismo, y que no se emulara el camino sino que se optara por el contrario, pero así fue y los resultados están a la vista. Colombia se deshizo después de 11 años de una vida tumultuosa, pero entre las causas que suelen enumerarse para explicar la disolución, la del esquema central no se señala como la principal, sino que se apela al expediente más fácil, tribal e insuficiente: la traición.

Bibliografía

BOLÍVAR, Simón (1950). Obras Completas. La Habana, Editorial Lex, Tomos I,  II y III.

FRANCESCHI, Napoleón y Freddy DOMÍNGUEZ (2012). Antología documental. Fuentes para el estudio de la historia de Venezuela 1776-2000. Caracas, Universidad Metropolitana.