Este período de once años, entre la paulatina desaparición del influjo del general Antonio Guzmán Blanco en la vida política y económica del país, y la llegada de los militares tachirenses a la capital, está signado por la reacción antiguzmancista y el regreso del general Joaquín Crespo al puesto de mando. Luego, el gobierno del general Ignacio Andrade puede verse a la distancia como el corolario de un tiempo, y el antecedente de la hegemonía más dilatada que se ha dado entre nosotros.

Presidencia del doctor Juan Pablo Rojas Paúl (1888-1890)

El desencuentro entre Guzmán Blanco y Crespo condujo a que este último se ausentara del país, lo que no llevó a que los partidarios de su candidatura presidencial dentro del Consejo Federal no trabajaran por ella, aunque sin resultados favorables. Por ello fue que en junio de 1888 llegó la noticia del alzamiento en armas del general Crespo, quien se proponía invadir a Venezuela desde la isla de Trinidad. Esta noticia activó una cacería de conjurados en Caracas, que produjo el resultado de no pocos crespitas en la cárcel. En medio de estas circunstancias el presidente que había dejado encargado Guzmán Blanco, Hermógenes López, convocó al Consejo Federal para decidir el tema de la sucesión presidencial, ya que la presión en este sentido crecía, incluso llevando a algunos a afirmar que su presidencia era ilegítima. Convoca López para el 2 de julio de 1888 y ese día los votos fueron suficientes para que se designara al doctor Juan Pablo Rojas Paúl Presidente de la República para el Bienio 1888-1890.

El doctor Rojas Paúl era un abogado con una dilatada experiencia en asuntos del Estado. Había estado estrechamente ligado a Guzmán Blanco, a tal punto que al proponerlo para el cargo de primer magistrado, afirmó: “Es leal, es inteligente y conoce todos los resortes de la administración pública.” Era cierto, sus conocimientos del laberinto de las finanzas públicas, así como de todos los caminos jurídicos, lo distinguía de muchos otros. Además, profesaba un denodado amor por el ejercicio del poder, y había trabajado por años para alcanzarlo, no de otra manera puede interpretarse el abundante epistolario entre Guzmán Blanco y Rojas Paúl, así como el anecdotario que recoge sus angustias anteriores a su designación.

Lo primero que enfrenta Rojas Paúl es el alzamiento del general Crespo, quien se acerca a Coro a bordo de la goleta Ana Jacinta, hasta que es apresado por el general Francisco de Paula Páez el 2 de diciembre de 1888. Luego, es trasladado a la cárcel de La Rotunda en Caracas, a donde va a visitarlo el presidente Rojas Paúl. Entre ambos se llega a un avenimiento. Crespo acepta abandonar el camino de la insurrección armada, Rojas Paúl lo indulta, y Crespo sale hacia Perú en el mismo mes de diciembre. Este hecho fue el primero que marcó distancia entre Rojas Paúl y Guzmán Blanco, aunque para muchos el propio lema de su gobierno “Paz, legalidad y concordia” fue un motivo de alejamiento, ya que no estaban dispuestos a acordar nada con los enemigos de Guzmán. Otros hechos vinieron a sumarse a la distancia entre Guzmán en Paris y Rojas en Caracas. En particular, lo atinente a contratos que el “Ilustre Americano” creía que el Congreso aprobaría y no ocurrió así, llegando incluso a improbarlos. También, varios contratos ferrocarrileros, en los que Guzmán tenía interés especial, ya que cobraba comisiones establecidas en las mismas cláusulas del documento contractual, comenzaron a dormir en las gavetas de los burócratas. Se avanzaba hacia una ruptura entre el mentor y el designado, pero ello terminaría de ocurrir en 1889, cuando la gota colmó el vaso.

Ya en la alocución de enero de 1889 ante el cuerpo diplomático señalaba el Presidente Rojas Paúl, aludiendo a su antecesor: “A la Regeneración guerrera y combatiente debía suceder y ha sucedido, la Regeneración civil, pacífica, educadora y tolerante.” Un paso más en el camino del deslinde entre su mentor, el artífice de la “Regeneración guerrera” y él. En abril Guzmán hace pública su incomodidad ante el gobierno de Rojas Paúl, ya que lo hace quedar mal ante los empresarios europeos con los que negocia diversos contratos de obras para el país. El 27 de abril, fecha en la que se llevaba una ofrenda floral ante las estatuas de Guzmán, unos anti guzmancistas lo impidieron, y el gobierno no los reconvino. Un último episodio antes de la ruptura fue el amago que hizo Rojas Paúl de renunciar, pudiendo mediante este recurso demostrarle a Guzmán Blanco que la romería de gente que se acercaba a su despacho a pedirle que no dimitiera, era prueba de sus apoyos propios, al margen del respaldo inicial del propio Guzmán. El 5 de junio de 1889 el “Ilustre Americano” renunció a su cargo de Ministro Plenipotenciario y Agente Fiscal de Venezuela en Europa, por carta enviada al Ministro de Relaciones Exteriores. La ruptura era total.

El gobierno de Rojas Paúl, al margen de la diatriba guzmancista, se venía distinguiendo por sus buenas relaciones con la Iglesia Católica, ya que el presidente era particularmente devoto, y ello se tradujo en construcciones de nuevas capillas y reparaciones de las existentes. Otro aspecto significativo fue el interés por la historia nacional que demostró Rojas Paúl, de hecho, fundó la Academia Nacional de La Historia, cuya primera sesión tuvo lugar en noviembre de 1889, con un discurso del propio Presidente, al igual que Guzmán Blanco lo hizo seis años antes en el acto fundacional de la Academia Venezolana de la Lengua.

A medida que se acercaban las elecciones para Presidente de la República en el Consejo Federal, se movían distintos intereses. El propio Rojas Paúl hizo redactar una reforma constitucional para ser sometida a consideración del Consejo Federal, en ella se extendía el período presidencial a cuatro años, y se facilitaba la continuidad del Presidente en funciones en el cargo. Esto provocó una reacción inmediata de la prensa adversa al gobierno, al punto que los propios proponentes desistieron del intento y no llegaron a presentar la reforma. En cambio, prosperó la candidatura de un hombre fiel a Rojas Paúl, que había formado parte de su gobierno, el también civil, Raimundo Andueza Palacio. El 19 de marzo de 1890 entregaba la Presidencia de la República el doctor Juan Pablo Rojas Paúl, bajo el esquema del período presidencial de dos años, fijado por voluntad de Guzmán Blanco, y que el presidente saliente intentó modificar, pero no pudo.

Presidencia del doctor Raimundo Andueza Palacio (1890-1892)

El Consejo Federal decidió designar como Presidente de la República al Ministro de Relaciones Interiores del gobierno saliente del doctor Rojas Paúl. Me refiero al doctor Raimundo Andueza Palacio. Se trataba del primer Presidente desde 1870 que no ascendía al poder bajo la capa de Antonio Guzmán Blanco, lo que le daba cierto margen de autonomía. No podía decirse lo mismo en cuanto a Rojas Paúl, que lo hizo ministro y, en cierto sentido lo catapultó a la primera magistratura. No obstante, el propio Rojas Paúl buscó infructuosamente la reforma constitucional de manera de poder prolongar su mandato, con lo que quedaba claro que en caso de no lograrlo, como sucedió, su opción sucesora era la de Andueza Palacio.

Asumió la Presidencia el 19 de marzo de 1890 para ejercer un  encargo que debía concluir en febrero de 1892. Ya veremos cómo esto no sucedió como estaba previsto. Al ser designado Andueza por el Consejo Federal, el general Crespo se ausentó de Caracas, dando a entender que no estaba satisfecho con la designación. En lo inmediato, el gobierno de Andueza le dio continuidad a las obras de Rojas Paúl, dando a entender que entre mandatario saliente y entrante prosperaba una buena relación, aunque pocos meses después los hechos lo  desmintieron. En lo atinente a la administración del gobierno, la situación fiscal no era comprometida, gracias al sólo hecho de no haber tenido que invertirse los fondos en pertrechos militares, dado que no había tenido lugar ninguna escaramuza guerrera y, además, a que habían mejorado los precios internacionales del café.

La Guayana inglesa y Colombia: los límites.

Al no más asumir el cargo, Andueza tuvo que ocuparse del alarmante despliegue de tropas inglesas en la Guayana, territorio que pertenecía a Venezuela, y cuya discusión había llevado a una ruptura de relaciones con Inglaterra a partir de 1887. Este tema lo venía llevando personalmente Guzmán Blanco en conversaciones secretas en Europa, a partir de sus sucesivos nombramientos como Ministro Plenipotenciario. De hecho, el Ministro de Relaciones Interiores, el general Sebastián Casañas, por orden del Presidente Andueza, publicó los documentos sobre el particular, cosa que provocó una airada reacción desde París por parte de Guzmán. El gobierno de Andueza caminaba hacia lo que finalmente ocurrió: responsabilizar a Guzmán Blanco de la usurpación inglesa de la Guayana y someterlo al escarnio público acusándolo de “Alta Traición”. Si Rojas Paúl encabezó una reacción anti guzmancista durante su gobierno, el de Andueza fue más allá y logró que el Congreso Nacional le retirara los títulos que le había conferido tanto a Guzmán Blanco como a Crespo, asentando un principio verdaderamente ecuánime: el de prohibir que se le concedieran títulos y honores a hombres públicos en vida. Con esta medida, tanto los adulantes como los adulados se vieron de manos atadas. La ruptura con Guzmán y los guzmancistas era absoluta.

La reforma constitucional

En 1891 el propio Andueza Palacio comenzó a promover una reforma constitucional, prácticamente idéntica a la fallida de Rojas Paúl. Esta consistía en reinstaurar el voto directo para Presidente de la República y en extender el período a cuatro años, como había sido en el pasado, antes de la reforma guzmancista. Además, se proponía fortalecer el poder local, tesis del Partido Liberal original, antes de que Guzmán fuese centralizando el poder. También se proponía reformas territoriales y de denominación de los estados. Los adversarios de Andueza, y quienes no lo eran tanto, vieron en la proposición una voluntad continuista del Presidente, y de inmediato se activó la reacción contra el proyecto. Esto unía a personajes tan disímiles como Crespo y Rojas Paúl, para quien ya estaba claro que no podía controlar a Andueza, que ya volaba con autonomía. La escalada de oposición al proyecto comenzó a aumentar.

La diatriba se centró en sí la reforma debía regir de inmediato, lo que dejaba a Andueza en el poder por dos años más, o si debía regir a partir de 1894, nombrándose un Presidente interino que no fuese Andueza. Cuando el texto de la reforma iba a llegar al Congreso Nacional, después del trayecto de las legislaturas estadales, Andueza advirtió que no contaría con los votos necesarios para aprobarlo y, entonces, le ordenó a sus seguidores no asistir, con lo que el quórum se hizo imposible. Fue entonces cuando el Presidente impuso la reforma desatendiendo al Congreso Nacional, lo que jurídicamente era un golpe de Estado. A partir de entonces la escalada del conflicto era guerrera. Crespo se alza en armas y denomina a su acción como la Revolución Legalista. Buscaba el poder por las armas.

Andueza designa al general Casañas al frente del Ejército que enfrentará al de Crespo y el encontronazo ocurre, pero ninguno fue derrotado absolutamente. Casañas regresa a Caracas y es sustituido al mando del Ejército por Julio Sarría, entonces Ministro de Guerra y Marina, quien junto al general Domingo Monagas, Jefe de la guarnición de la capital, finalmente obligan a Andueza a renunciar. Alegaban que la violencia que sacudía al país se debía a la pretensión continuista del Presidente y que se imponía un retiro. Así ocurrió: Andueza renunció por carta el 17 de junio de 1892, señalándole en ella a su sucesor inmediato, Guillermo Tell Villegas. A Andueza se le permitió viajar a Martinica con su familia, y luego se estableció en París. Regresó a Venezuela en 1898, muerto Crespo, y se incorporó al gobierno de quien había sido diputado afecto a su causa: el general Cipriano Castro, en calidad de Ministro de Relaciones Exteriores. Murió en 1900.

Segunda Presidencia del general Joaquín Crespo (1892-1898)

Joaquín Crespo al frente de la Revolución Legalista entra a Caracas el 6 de octubre de 1892 y de inmediato toma medidas. Entre ellas, el embargo de los bienes de 340 funcionarios del gobierno saliente, y anuncia que serían juzgados por responsabilidad política y administrativa. La medida causó asombro y no poco revuelo. Además, Crespo se negaba a reconocer las deudas en que había incurrido el Estado, con motivo de las acciones militares que adelantó Andueza para defenderse del desafío del propio Crespo. El asunto era complejo.

El gobierno de Crespo, después de las negociaciones de rigor, llega a un acuerdo con el Banco de Venezuela, dirigido por Manuel Antonio Matos, acerca del pago que el Estado había contraído con la institución bancaria. Este tema, por otra parte, estuvo signado por la presión que el gobierno ejercía sobre Matos, ya que éste había sido integrante de la administración Andueza. Finalmente, no sólo Matos pasa a ser parte del gobierno de Crespo, sino que éste conviene en una amnistía en relación con los 340 funcionarios que persiguió al principio de su gobierno.

Por otra parte, a partir del momento mismo en que asume el mando, Crespo se propone hacer buena la mención al “legalismo” de su revolución, y convoca a unas elecciones directas para elegir a los integrantes de Asamblea Constituyente que redacten un nuevo texto constitucional. La Asamblea se constituye el 4 de mayo de 1893, bajo la presidencia del general José Antonio Velutini. La Asamblea confirma a Crespo como Presidente Provisional, sanciona una nueva ley electoral y fija los comicios para el 1 de diciembre de 1893, sobre la base de la nueva Constitución Nacional. Esta fue promulgada el 12 de junio de 1893 por la Asamblea Nacional Constituyente y sancionada por Crespo días después.

La carta magna regresa al período constitucional de cuatro años y al voto directo y secreto que había fijado la Constitución Nacional de 1858, por la que se eligió por primera vez un Presidente de la República de manera directa y secreta: Manuel Felipe de Tovar. El texto constitucional, además, prohíbe la reelección inmediata. En pocas palabras, Venezuela asumía de nuevo la democracia como sistema de gobierno, como sistema de elección de sus autoridades. Regresaba el país a tiempos anteriores a los de Guzmán Blanco, quien a medida que avanzaba en sus gobiernos iba desdiciendo su origen liberal, y sus banderas democráticas, para asumir el centralismo y el voto indirecto, a partir de la Constitución Nacional de 1881.

Crespo vence en las elecciones de diciembre de 1893 de manera abrumadora, con 349.447 votos, y asume la Presidencia Constitucional de la República el 14 de marzo de 1894, para ejercer el mando durante cuatro años. La situación económica no era la misma que imperó durante el gobierno de Andueza: los precios del café habían caído y, como vimos, las deudas de la República no eran pocas. Para colmo de males, la República tuvo que recurrir a un préstamo para enfrentar las deudas que se producían como consecuencia del contrato que había firmado Guzmán Blanco con las empresas ferrocarrileras. Aquel 7% que se garantizó a las compañías concesionarias pesaba enormemente, ya que la sola operación de los ferrocarriles no alcanzaba la cifra, y el Estado venezolano se había comprometido a pagarla. Al gobierno de Crespo no le quedó otro camino que solicitar un préstamo para enfrentar la situación, y se lo otorgó el Disconto Gesellschaft de Berlín. A partir de la firma del nuevo contrato que pesaba sobre la República se desató una tempestad política. La oposición al gobierno de Crespo consideraba que el empréstito gravaba severamente a la nación, y que el banco alemán que lo otorgaba podría ser una amenaza para la soberanía nacional. Las críticas arreciaron a través de la prensa, ya que había verdadera libertad de expresión, aunque algunos pensaban que no valía de nada porque Crespo no le ponía atención a la disidencia. Sin embargo, hay pruebas en contrario que demuestran que sí atendía a la opinión pública. En cualquier caso, el tema del préstamo fue significativo en la polémica pública y, luego veremos como pesó sobre el gobierno de Cipriano Castro.

Inglaterra y la Guayana Esequiba, otra vez.

A finales de 1896 tiene lugar un hecho que desató las pasiones nacionales. Soldados ingleses se empeñan en llevar los límites hasta el río Yuruari, intento que fue severamente repelido por soldados venezolanos, que hacen presos a los invasores y luego izan la bandera nacional en el sitio, apartando a la inglesa. Este hecho fue considerado como una grave ofensa por Inglaterra, que reclamó airadamente al gobierno venezolano. La escalada del conflicto era vertiginosa, cosa que lleva al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Grover Cleveland, a invocar la Doctrina Monroe: “América para los americanos.” El mensaje de Cleveland es claro hacia Inglaterra: no deben seguir intentando apoderarse de territorios en América, zona de influencia de los Estados Unidos o, de lo contrario, se procederá en consecuencia. La corona inglesa no está satisfecha y, a ratos, pareciera que estallaría un conflicto armado entre ambas naciones, pero termina imponiéndose la lógica de la paz, dentro de la geopolítica de la época, en la que los imperios europeos van a comenzar a perder territorios de ultramar. En 1897, los Estados Unidos e Inglaterra le imponen a Venezuela un arbitraje internacional. El tribunal estuvo compuesto por dos norteamericanos, dos ingleses y un ruso, y dos años después, el 3 de octubre de 1899 fallaron, despojando a Venezuela de 159.500 Km2. Por su parte, Venezuela no acepta el fallo, y lo recurre por diversas razones. Volveremos sobre este asunto en su momento.

Elección y fraude

De acuerdo con la Constitución Nacional vigente, la de 1893, las elecciones directas y secretas tendrán lugar en septiembre de 1897. Se presentan cinco candidatos: Pedro Arismendi Brito, el general Francisco Tosta García, el recurrente Juan Pablo Rojas Paúl, el general José Manuel Hernández “El Mocho”, y el general Ignacio Andrade, el favorito de Joaquín Crespo.

El general Hernández venía recogiendo mucho apoyo popular, con propuestas novedosas para el país, y despertando fervor en el pueblo, de modo que lucía como favorito, circunstancia que el gobierno conocía. Quizás por ello el día de las elecciones se cometió un fraude: fuerzas leales al gobierno ocuparon los centros de votación desde la noche anterior, provistas de armas blancas y palos, en actitud amenazadora. La consecuencia inmediata fue la no concurrencia de los votantes distintos a la candidatura de Andrade. No se pudo pulsar la voluntad popular. El “Mocho” Hernández se alzó en armas, mientras Crespo organiza la transmisión de mando, hecho que ocurre el 28 de febrero de 1898, con el perfeccionamiento de las elecciones por parte del Congreso Nacional, y la asunción por parte del general Ignacio Andrade de la Presidencia de la República.

El resultado de la elecciones de septiembre de 1897 no había manera de creer que fuera cierto, dada la gran popularidad del Mocho Hernández. Según el gobierno, Andrade obtuvo 406.610 votos, mientras Hernández obtenía 2.203. De allí que al Mocho no le quedara otro camino que lo que se denominó la Revolución de Queipa (hacienda ubicada en la sierra occidental del estado Carabobo): el alzamiento en contra de las fuerzas gubernamentales. Después de entregado el mando, Crespo sale a batallar contra Hernández, y en los llanos cojedeños, escondido entre el ramaje, un francotirador disparó certeramente. Crespo fue dado de baja el 16 de abril de 1898. El último caudillo del siglo XIX caía de su caballo.

Presidencia del general Ignacio Andrade (1898-1899)

En medio de esta circunstancia de debilidad, ya que la legitimidad de su gobierno estaba puesta en duda, Andrade asume la Presidencia de la República el 28 de febrero de 1898, para cumplir un período presidencial de cuatro años, de acuerdo con la Constitución Nacional vigente, y para gobernar bajo la égida del general Crespo quien, sin la menor duda, lo había llevado hasta la primera magistratura. No obstante, los hechos pautaron otro camino, y Crespo muere en el sitio de la Mata Carmelera el 16 de abril, como señalamos antes, dejando a Andrade desguarnecido, ya que su influencia política era notablemente menor que la de su mentor.

De inmediato Andrade le entrega al general Ramón Guerra la dirección de la campaña en contra de Hernández, y éste lo derrota y lo hace prisionero, con lo que la amenaza que su fuerza significaba queda en suspenso. Pero, por otra parte, la victoria de Guerra lo convierte en un referente importante, que aspiraba a suceder a Crespo en la Presidencia del Gran Estado Miranda, un gobierno estadal que controlaba un vastísimo territorio y lo hacía, de hecho, segundo a bordo en el mando del Estado. Esta aspiración de Guerra fue interpretada por Andrade como una amenaza, lo que condujo a que adelantara una reforma de la organización del Estado, tendiente a devolverle a las regiones su autonomía y a regresar a la estructura de los veinte estados. Esto, a todas luces, enardeció a Guerra, quien pasó a ser una amenaza para el gobierno, alzándose en armas en Calabozo en febrero de 1899. Las fuerzas leales a Andrade vencieron a Guerra un mes después de su alzamiento. Al fin, parecía que Andrade gobernaría sin desafíos guerreros.

La reforma constitucional que puso en guardia al general Guerra, y que lo llevó a alzarse en contra del gobierno de Andrade, finalmente se aprobó en abril de 1899, regresando la estructura territorial a los 20 Estados pautados en la Constitución Nacional de 1864. También, el Congreso Nacional aprobó la primera Ley sobre Inversiones Extranjeras que imperó en Venezuela. Por otra parte, del informe al Congreso Nacional presentado por Andrade se desprende que la situación económica del país era poco menos que desastrosa. Una vez más, la dependencia de un solo cultivo, el café, hacía muy vulnerable la economía nacional, que se veía afectada por la caída de los precios de este fruto en el mercado internacional. Esta circunstancia se añadía a la fragilidad con que Andrade intentaba gobernar, desprovisto de apoyos esenciales para el ejercicio robusto del poder. Esta fue la coyuntura que aprovechó Cipriano castro para avanzar con su ejército desde Táchira hasta Caracas para hacerse del poder.

Como vemos, se avanzó con la Constitución Nacional de 1893 en la recuperación de la democracia, pero su promotor cometió un fraude electoral en 1897 a favor de su protegido Andrade. En el papel hubo un avance, en las conductas no. Una prueba más de que la democracia es un asunto fundamentalmente de convicciones culturales, además de jurídico y político.