De acuerdo con lo pautado por la Ley Fundamental de la República de Colombiadel 17 de diciembre de 1819, se reúne el Congreso Constituyente en Cúcuta, con 57 diputados, y redacta la nueva Constitución Nacional, que es sancionada el 30 de agosto de 1821. La capital de la República será Bogotá, hasta tanto se construya la prevista capital que se denominaría Bolívar, proyecto que nunca se adelantó. Entre los que concebían la nueva Constitución con un criterio Federalista y los que la soñaban con criterio Centralista, se impusieron los últimos, que contaban con el aval de Bolívar. Se designó Vice-Presidente de la República al general neogranadino Francisco de Paula Santander, con el entendido de que durante las campañas militares que adelantaría el Presidente Bolívar en procura de la libertad de otros pueblos, el gobierno quedaría en sus manos.

El descontento de importantes sectores venezolanos con las decisiones tomadas por el Congreso Constituyente de Cúcuta se hizo sentir de inmediato. De modo que el rosario de dificultades que experimentará la República de Colombia será creciente. El 29 de diciembre de 1821 la Municipalidad de Caracas al pronunciarse sobre la nueva Carta Magna, la aprobó condicionalmente ya que, según los integrantes del cuerpo colegiado: “No había sido sancionada por los mismos representantes que la formaron, que no podían imponer a los pueblos de Venezuela el deber de su observancia cuando no habían tenido parte en su formación, ni creían adaptables al territorio venezolano algunas de las disposiciones de aquel código.” (Arráiz Lucca, 2011: 177). Se refería el Cabildo al hecho cierto de haber estado Caracas bajo dominio español para el momento de la celebración del Congreso Constituyente de Cúcuta, aunque ello no fue óbice para que caraqueños formaran parte del Congreso. El 3 de enero de 1822 se insistió sobre el tema, y luego la prensa recogió el hecho, con lo que el proyecto grancolombiano de Bolívar experimentó entonces sus primeras resistencias.

“…no hemos hallado la mención “Gran Colombia” en ninguno de los textos oficiales compulsados, lo que nos lleva a pensar que la denominación puede haberse divulgado profusamente para atenuar el dolor que los venezolanos han podido sentir al ver que el vocablo Venezuela desaparecía en el proyecto bolivariano.”

El Congreso Constituyente de Cúcuta redactó una carta magna de naturaleza centralista. El régimen electoral fue muy parecido al de la de 1811: ciudadanos varones que supieran leer y escribir, propietarios y mayores de 25 años, a diferencia de la anterior que exigía 21 años. Tanto el período de cuatro años como la reelección no inmediata, sino con un período de por medio, se mantuvo exactamente igual a la Constitución de 1819. El orden político territorial rezaba textualmente en el artículo 6: “El territorio de Colombia es el mismo que comprendían el antiguo virreinato de la Nueva Granada y capitanía general de Venezuela.” Por cierto, no hemos hallado la mención “Gran Colombia” en ninguno de los textos oficiales compulsados, lo que nos lleva a pensar que la denominación puede haberse divulgado profusamente, y probablemente, para atenuar el dolor que los venezolanos han podido sentir al ver que el vocablo Venezuela desaparecía en el proyecto bolivariano, relegándose a un Departamento, mientras la entidad republicana recaía sobre el vecino país. Esto, se dice poco, probablemente fue causa de mucho escozor para los venezolanos. No se trasiega de República a Departamento impunemente, por más que el líder de la Nación lo imponga. Esto que advierto se ha señalado antes, evidentemente, y es el caso, entre otros, del historiador David Bushnell, especialista en historia de Colombia, quien atribuye la denominación “Gran Colombia” a historiadores venezolanos, quizás para especificar que el período al que se alude es el que va de 1819 a 1830.

Hay una tercera constitución que es de génesis bolivariana, pero no imperó entre nosotros. Me refiero a la Constitución de Bolivia de 1826, redactada de puño y letra del Libertador y consagratoria de la Presidencia Vitalicia, con la modalidad de atribuirle a esta suerte de Rey la posibilidad de elegir a su sucesor. Este texto constitucional de impronta monárquica, Bolívar intentó que fuese acogido por Perú y Colombia y, naturalmente, fue fuente de enormes desavenencias entre El Libertador y muchos de sus seguidores. Cuando decimos Colombia en este contexto histórico estamos incluyendo a Venezuela y Ecuador, porque se trata de la Colombia bolivariana.

En carta del 6 de julio de 1826 Santander le escribe a Bolívar explicándole su negativa a la Presidencia Vitalicia. Dice: “¿Quién es el emperador o rey en este nuevo reino? ¿Un príncipe extranjero? No lo quiero porque yo he sido patriota y he servido diez y seis años continuos por el establecimiento de un régimen legal bajo las formas republicanas. En mi posición, y después de que he logrado una mediana reputación, sería la mayor iniquidad traicionar mis principios y faltar a mis protestas. ¿El emperador es usted? Obedezco gustoso y jamás seré conspirador, porque usted es digno de mandarnos, porque nos gobernará según las leyes, porque respetará la opinión sana del pueblo, porque es justo, desinteresado, filantrópico, etc. ¿Y después de su muerte quién es el sucesor? ¿Páez? ¿Montilla? ¿Padilla? A ninguno quiero de jefe supremo vitalicio y coronado. No seré más colombiano y toda mi fortuna la sacrificaré, antes de vivir bajo tal régimen.” (Santander, 2011: 24-25). La carta es una pieza de notables sutilezas que pone el dedo en la llaga: el único vitalicio aceptado es Bolívar, mientras todos los demás aspiran legítimamente a sucederlo. Imposible de digerir la proposición bolivariana y, como vemos, origen de futuras desavenencias.

La Municipalidad de Valencia, reunida el 30 de abril de 1826, argumentando que el pueblo había caído en un disgusto supremo como consecuencia de la separación del general Páez de sus funciones (después del desencuentro con Santander por una orden no acatada), y que esta circunstancia estaba por crear una crisis nacional, acuerda restituirle el mando a Páez. Este acepta el 3 de mayo por medio de una proclama, y el 5 de mayo la Municipalidad de Caracas reconoce la restitución del general Páez, sumándose a lo propuesto por la de Valencia. Estos hechos, que el pueblo denominó como “La cosiata”, aludiendo a una obra de teatro que entonces se presentaba en Valencia en la que un actor declinaba el vocablo “cosa”, fueron de suma importancia, ya que en la práctica significaban el desconocimiento del Poder Ejecutivo radicado en Bogotá y el del texto constitucional.

El 14 de mayo de 1826 el general Páez jura ante la Municipalidad de Valencia cumplir las leyes y hacerlas cumplir, así como “no obedecer las nuevas órdenes del Gobierno de Bogotá”. El 29 de mayo en sesión solemne de la Municipalidad de Caracas, juran ante Páez, ahora Jefe Civil y Militar, las nuevas autoridades del Departamento de Venezuela. El general Santiago Mariño, segundo Jefe Militar; el doctor Cristóbal Mendoza, Intendente; el doctor Suárez Aguado, Provisor y Vicario capitular, y el doctor Francisco Javier Yánes, presidente de la Corte Superior de Justicia.

El sistema Popular Representativo Federal, como se halla establecido en los Estados Unidos de la América del Norte, en cuanto sea compatible con las costumbres, climas y particulares circunstancias de los pueblos que forman la República de Colombia.

La autonomía del Departamento de Venezuela siguió manifestándose y una Asamblea Popular reunida el 5 de noviembre de 1826 en la Iglesia de San Francisco, en Caracas, solicita, mediante voto popular, que se instaure: “El sistema Popular Representativo Federal, como se halla establecido en los Estados Unidos de la América del Norte, en cuanto sea compatible con las costumbres, climas y particulares circunstancias de los pueblos que forman la República de Colombia.” (Arráiz Lucca, 2011: 189).

Se solicita la remisión del Acta al Libertador, a quien invocan como mediador de la solicitud. Luego, a solicitud de Páez se reúne otra Asamblea Popular el 7 de noviembre donde se asume una posición más radical en contra del Gobierno de Bogotá. Después, el 10 de noviembre se reúne otra Asamblea Popular en Valencia, y el 13 del mismo mes Páez señala por decreto la constitución de los colegios electorales el 10 de diciembre, y para el 10 de enero de 1827 la fecha de integración del Congreso Constituyente. Estas posiciones del general Páez tuvieron resistencia, y muchos temían que se avanzara rápidamente hacia una Guerra Civil. Mientras estas tensiones van en aumento, no sólo en relación con Páez en Venezuela sino en Bogotá con los seguidores de Santander y su oposición a la Constitución de Bolivia, el Libertador logra que el Congreso Anfictiónico de Panamá (22 de junio de 1826) tenga lugar, aunque muy lejos de la importancia que hubiera querido que tuviera. Asistieron los delegados y deliberaron, pero nada de mayor importancia para el futuro se desprendió del encuentro, más allá de cumplir con el sueño integracionista bolivariano. En verdad, el clima de descomposición de Colombia iba en aumento, mientras en Perú la unanimidad hacia Bolívar se resquebrajaba y Sucre en Bolivia batallaba con varias quimeras.

La Convención de Ocaña (9 de abril de 1828)

En esta coyuntura, es convocada la Convención de Ocaña (9 de abril de 1828), con el norte de redactar una nueva constitución. Bolívar se trasladó a un sitio equidistante de Ocaña y Bogotá: Bucaramanga, desde donde a través de O’Leary, que iba y venía a Ocaña, podía monitorear la Convención. Allí estuvo durante los meses en que se reunió la asamblea, compartiendo, entre otros oficiales, con el francés Luis Perú de Lacroix, quien escribió el Diario de Bucaramanga: un documento de primera mano valiosísimo que nos permite conocer las costumbres y opiniones de Bolívar en esta etapa final de su vida, cuando ya hace balances de lo ocurrido y tiene opiniones finales sobre la gente y los hechos. El forcejeo entre bolivarianos y santanderistas, es decir, entre centralistas y federalistas fue intenso, hasta que la única solución que iba asomándose fue la de ratificar la Constitución de Cúcuta, pero eliminando el artículo 128 que le confería poderes extraordinarios al Presidente de la República. Fue entonces cuando los bolivarianos abandonaron la asamblea y esta se disolvió sin ningún efecto el 11 de junio de 1828. Obviamente, Bolívar no iba a transigir con que lo despojaran de sus facultades para gobernar por decreto. Ni Bolívar había podido reformar la Constitución de acuerdo con su voluntad centralista, ni Santander había logrado lo contrario.

El 13 de junio en Bogotá, un grupo de bolivarianos radicales encabezado por Pedro Alcántara Herrán, se reunió en Junta y le confirió poderes dictatoriales a Bolívar. Luego, en agosto se consagró la dictadura y Santander fue separado de la Vicepresidencia y designado por Bolívar como Embajador de Colombia ante los Estados Unidos, cargo que aceptó, pero que no llegó a desempeñar. El poder absoluto para Bolívar se le entrega mediante el Decreto Orgánico del 27 de agosto de 1828. A partir de entonces, la realidad se precipita hasta la convocatoria del Congreso Constituyente, convocado por Bolívar a partir del 2 de enero de 1830, en Bogotá.

El Libertador Presidente se presenta el 15 de enero seriamente resentido de salud, así lo confirman diversos testimonios directos. Impone a Sucre como Presidente del Congreso y al obispo de Santa Marta, José María Estévez, como Vicepresidente. Curiosamente llamó “Congreso admirable” a la asamblea que tuvo poco de ello, sobre todo para él, que acudió en medio de la mayor amargura. Así se reflejó en su discurso de renuncia de la Presidencia y de abandono de la vida pública. Designa a Domingo Caicedo como Presidente interino y se va. Concluye el discurso, afirmando: “¡Conciudadanos! Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás.” (Bolívar, 1990: 106-110). Había recibido carta de Páez en diciembre donde le señalaba que era imposible detener la voluntad separatista de Venezuela y que propusiera esto en el Congreso, cosa que el Libertador no hizo, naturalmente. Sabía que lo inevitable estaba en marcha: la disolución de Colombia. El ánimo de Bolívar estaba abatido.

La Asamblea de Valencia designa a Páez para que consagre la separación de Colombia y convoque un Congreso Constituyente (13 de enero de 1830).

“Venezuela no debe continuar unida a la Nueva Granada y Quito, porque las leyes que convienen a esos territorios no son a propósito para éste, enteramente distinto por costumbres, clima y producciones, y porque en la grande extensión pierden la fuerza y energía.” (Gil Fortoul, 1930: 653).

Antes de la fecha enunciada tuvieron lugar las asambleas que convocó Bolívar en agosto de 1829, instándolas a manifestarse en cuanto a la Constitución que querían: pues casi todas se expresaron a favor de la separación de Colombia y en contra de Bolívar. De modo que no fue Páez el que se propuso esta tarea solo, como cierta historiografía tendenciosa señala. Es cierto que Páez buscaba la separación, pero también lo es que la mayoría así lo quería. El acta de la Municipalidad de Valencia el 29 de noviembre de 1829, serenamente recogía la voluntad del Cabildo: “Venezuela no debe continuar unida a la Nueva Granada y Quito, porque las leyes que convienen a esos territorios no son a propósito para éste, enteramente distinto por costumbres, clima y producciones, y porque en la grande extensión pierden la fuerza y energía.” (Gil Fortoul, 1930: 653).

El 13 de enero el general Páez asume el mando de acuerdo con el dictamen de la Asamblea de Valencia y convoca a un Congreso Constituyente, así como a un Gabinete Ejecutivo. El Congreso se instala en la casa de la Estrella en Valencia el 6 de mayo de 1830 e inicia deliberaciones. El 13 de mayo el Departamento del sur de Colombia se separa y declara el estado independiente de Ecuador, al mando del venezolano Juan José Flores. Estas noticias las va recibiendo Bolívar en su viaje hacia la costa colombiana, derrotado y enfermo. Se ha despedido para siempre del gran amor de su vida, Manuela (“mi adorable loca”) en Bogotá. En julio recibe otra noticia fatídica, acaso la peor: el asesinato de Sucre.

“Era un hecho que el esquema escogido no funcionaba, pero cambiarlo por una estructura Federal hubiera sido para Bolívar la negación de su principal bandera política desde el Manifiesto de Cartagena, en 1812: el Centralismo y el combate contra el Federalismo. “

Como vemos en esta relación de los hechos, el proyecto integracionista de Bolívar, Colombia, estuvo herido desde sus inicios hasta que falleció de muerte natural. Son varias las causas de su disolución, pero entre ellas hay una que brilla por su propio peso. El esquema integracionista escogido por Bolívar era Centralista, no Federal, de modo que las autonomías con que contaban los Departamentos de Venezuela y Quito eran mínimas, casi inexistentes. En la práctica esto ni siquiera pudo implementarse porque el poder real en Venezuela (Páez), en ejercicio de sus funciones al hacer lo que tenía que hacer desatendía las tardías y extemporáneas órdenes que llegaban de Bogotá. De hecho, la última visita que Bolívar hizo a Venezuela, en 1827, le confirmó los hechos: vino a “meter en cintura” al general Páez y terminó reconociendo su liderazgo. Al regresar a Bogotá lo esperaba Santander con los “brazos cruzados”. Era un hecho que el esquema escogido no funcionaba, pero cambiarlo por una estructura Federal hubiera sido para Bolívar la negación de su principal bandera política desde el Manifiesto de Cartagena, en 1812: el Centralismo y el combate contra el Federalismo. Este último, según Bolívar, causa de la pérdida de la Republica fundada en 1811. Como vemos, el Libertador naufragaba con su propio proyecto Centralista, mientras la salud le daba la espalda.

Sigue siendo un enigma para quien escribe por qué Bolívar que admiraba tanto el sistema federal estadounidense consideraba que no era viable en nuestras naciones. Más aún, por qué si la realidad institucional que él creo al fundar Colombia se lo estaba diciendo a diario, no le atribuía la causa de su fracaso al esquema escogido. En cualquier caso, es evidente que el tema es cultural y psicosocialmente nuclear para Venezuela.

Bibliografía

ARRÁIZ LUCCA, Rafael (2012) Las Constituciones de Venezuela (1811-1999). Caracas, Editorial Alfa, Biblioteca Rafael Arráiz Lucca.

—————-Venezuela: 1728-1830. Guipuzcoana e Independencia(2011). Caracas, Editorial Alfa, Biblioteca Rafael Arráiz Lucca.

BUSHNELL, David (1996). Colombia, una nación a pesar de sí misma. Bogotá. Editorial Planeta Colombiana.

GIL FORTOUL, José (1930). Historia constitucional de Venezuela.Caracas, Parra León hermanos Editores.

SANTANDER, Francisco de Paula (2011).Cartas a Bolívar. Bogotá, Biblioteca Bicentenario, Universidad Nacional de Colombia.

————–La Dictadura de Bolívar(2010). Bogotá, Biblioteca Bicentenario, Universidad Nacional de Colombia.