Este período de dieciocho años se inicia el 27 de abril de 1870, con la entrada a Caracas de las tropas de Guzmán Blanco, la llamada “Revolución de Abril”, y concluye con la asunción de la Presidencia de la República por parte del doctor Juan Pablo Rojas Paúl, el 5 de julio de 1888. A lo largo de estos años, Guzmán Blanco se desempeñó en la Presidencia entre 1870 y 1877, luego regresó a ella a partir de diciembre de 1879 hasta 1884, cuando la entregó en manos del general Joaquín Crespo. La obtuvo de nuevo en 1886 y la entregó en 1888. El largo período no fue de paz absoluta, enfrentó Guzmán muchos adversarios, pero no cabe duda de que el lapso está signado por su personalidad y su obra.

Primera Presidencia del general Antonio Guzmán Blanco (1870-1877) “El Septenio”

Este primer período presidencial del abogado y general es conocido como “El Septenio”, y se inicia el 27 de abril de 1870, con la victoria militar y la entrada triunfante a Caracas del hijo de Antonio Leocadio Guzmán, al frente de la llamada Revolución de Abril. Su éxito consiste en haber congregado en torno a sí al mosaico de los caudillos regionales que batallaban en contra de José Ruperto Monagas, y que estuvieron dispuestos a reconocer su supremacía y a sumarse a su ejército, desde el momento mismo en que desembarcó en Curamichate, procedente de Curazao. Así fue como su ejército llegó a reunir a cerca de 8 mil hombres, y se impuso en las inmediaciones de Caracas sobre el de Monagas, ya mucho menor en número y poderío.

De inmediato Guzmán Blanco reconoció la Constitución Nacional de 1864 y nombró su gabinete. El poder no era un instrumento extraño para el caudillo. Había nacido en un hogar en el que su padre no dejó de procurarlo ni un minuto de su vida, de modo que había crecido muy cerca de él, de sus mecanismos, inmerso en su laberinto. Además, contaba con cuarenta y un años, y después de haber egresado como abogado de la Universidad Central de Venezuela, había desempeñado diversos cargos en el aparato del Estado, así como en distintos lugares en las campañas militares en las que participó. En particular, los años de gobierno del Mariscal Falcón también fueron suyos, tanto en lo militar (Ezequiel Zamora muere prácticamente en sus brazos) como en lo internacional. Dada la formación de Guzmán Blanco y su dominio de idiomas, fue el enviado regular a negociar empréstitos  ante los bancos europeos.

La actividad gubernamental del nuevo presidente se hizo vertiginosa. Convocó a un Congreso de Plenipotenciarios en julio de 1870, que reunía a los caudillos regionales, presidido por su padre, y este cuerpo colegiado lo enviste como Presidente Provisional de la República. El desarrollo de esta política de reconocimiento de los jefes regionales era inteligente, ya que de lo contrario le hubiera tocado enfrentarlos militarmente, cosa que tuvo que hacer con el occidente del país, zona que se le enfrentaba, y luego con oriente y Guayana. Buscaba sumar voluntades, ya que de no hacerlo no le quedaba otra alternativa que enfrentarlas. Así fue como las funciones de gobierno de Guzmán Blanco estuvieron acompañadas de las campañas que tuvo que librar contra los disidentes. La rebelión en su contra más significativa fue la del segundo Designado, Matías Salazar, quien después de haberse retirado en paz a Curazao, por indicación del propio Guzmán, regresó al país a desafiarlo; luego de la peripecia guerrera es hecho preso y condenado a muerte por un tribunal constituido para juzgarlo. Con esta decisión, Guzmán contravenía la disposición nacional contra la pena de muerte, pero enviaba una señal muy clara a sus adversarios. Salazar es ejecutado el 17 de mayo de 1872. Los caudillos regionales que disentían de Guzmán, sabían ahora que tenían enfrente a un enemigo despiadado.

El forcejeo con la Iglesia Católica

y el Decreto de Instrucción Pública, gratuita y obligatoria

Contemporáneamente con estos hechos militares, el Presidente emitió varios decretos históricos. Entre ellos el de Instrucción Primaria Pública, Gratuita y Obligatoria, firmado el 27 de junio de 1870. Este decreto, firmado al no más comenzar su gobierno, hacía evidente el signo modernizador que le imprimiría a su gestión: no había pasado en vano su conocimiento de la modernidad europea, especialmente la francesa. Sin la menor duda, el decreto significó un paso hacia adelante en la democratización de la educación en Venezuela, cosa distinta es la notable dificultad que se tuvo para materializarlo, ya que los maestros que lo podían implementar escaseaban en el país. No obstante, mediante el decreto el Estado venezolano señalaba un norte a seguir.

Al mismo tiempo emprendía acciones tendientes  a minimizar el poder de la Iglesia Católica, delimitando las esferas de trabajo del mundo civil y del eclesiástico. Entonces, halló resistencia de parte de la institución milenaria, pero logró imponer su voluntad, en particular al deshacer los seminarios y entregarle a la universidad la Facultad de Ciencias Eclesiásticas. En otras oportunidades, como ocurrió con el arzobispo Guevara y Lira, al negarse algún prelado a oficiar misas laudatorias de la gesta liberal, pues era expulsado del país. Como vemos, Guzmán Blanco no sólo libraba batallas contra sus adversarios regionales sino que buscaba la delimitación de los fueros de la iglesia, mientras daba pasos hacia la creación de un Estado laico y moderno. Por supuesto, halló resistencia, y muy significativa.

Dentro de este marco conceptual creó el matrimonio civil; la secularización de los cementerios, es decir, que dejaron de estar en manos de la curia; suprimió los conventos de monjas y envió al destierro al obispo de Mérida, Juan Hilario Bosset, por no estar de acuerdo con el matrimonio civil. Deshizo los fueros eclesiásticos, y  a partir de entonces el clero pasó a ser juzgado por los tribunales civiles. La tensión del conflicto fue creciendo hasta que el Vaticano intervino enviando un Embajador de buenos oficios, Vicario apostólico, al que Guzmán Blanco le impidió la entrada al país. Es entonces cuando amenaza con crear una Iglesia Nacional Venezolana, al margen de la Santa Sede, pero no pasó de allí. El avenimiento entre Roma y Caracas tuvo lugar cuando el Vaticano nombró un arzobispo de agrado para ambas partes, José Antonio Ponte, quien es consagrado en 1876, cuando ya se llevaban seis años de relaciones sumamente tensas, en las que la voluntad de Guzmán Blanco se impuso sobre la Iglesia y ésta, basada en su dilatada experiencia, prefirió transigir que enfrentarse.

La reforma urbana

Dentro del plan de modernización del país que Guzmán Blanco tenía en mente, la construcción de emblemáticos edificios públicos era una tarea fundamental. Así fue como dispuso la construcción del Palacio Federal Legislativo, que fue concluido en su primera etapa en 1873. Entonces, también, decidió colocar la estatua ecuestre de Bolívar, del escultor Tadolini, en la que entonces pasó a llamarse Plaza Bolívar de Caracas. Además, ordenó que la antigua Iglesia de La Trinidad fuese reformada para llamarse Panteón Nacional, y depositar en él los restos mortales del Libertador, cosa que ocurrió el 28 de octubre de 1876, cuando fueron trasladados de la catedral de Caracas a su nuevo destino.

El gobernante tenía clara conciencia de la necesidad de crear una iconografía patriota y una simbología nacional, por ello le encargó al pintor Martín Tovar y Tovar una galería de retratos de próceres de la independencia para ser ubicados en el Palacio Federal Legislativo, así como la creación de los grandes plafones de las batallas, a ser colocados en el Salón Elíptico del mismo edificio. Entre ellos, el más importante, y en el que Tovar invertirá mucho tiempo de trabajo, será el de la Batalla de Carabobo.

A partir de 1875 la megalomanía del “Ilustre Americano” hizo eclosión y se mandó a erigir dos estatuas. Una ecuestre que fue colocada entre la Universidad Central de Venezuela y el Palacio Federal Legislativo, y otra pedestre en el tope de la colina de El Calvario, ya no quedaban dudas acerca del culto a la personalidad que fomentaba Guzmán. Insistía en que después de Bolívar ninguna otra figura histórica tenía sus dimensiones, lo perjudicial era que esto no permanecía en su fuero interno, sino que se lo imponía al país insistentemente. En estos años se construye la carretera entre Caracas y los Valles del Tuy, el acueducto de El Calvario, el Teatro Guzmán Blanco, el Templo Masónico, el Cementerio General del Sur, entre otras obras de renovación urbana.

La Constitución de 1874

El 15 de abril de 1873 el Congreso Nacional lo elige Presidente de la República para cumplir un período de cuatro años, y el 19 del mismo mes le confiere el título de “El Ilustre Americano Regenerador de Venezuela”. De inmediato promueve una nueva Constitución Nacional, la cual es promulgada el 27 de mayo de 1874. En ella dos reformas en relación con la anterior son dignas de mención: la reducción del período presidencial a dos años, y la supresión del voto secreto, ya que a partir de entonces se requería que el voto fuese público y firmado, con lo que el secreto desaparece y, en consecuencia, la libertad de elegir también. Era difícil que alguien manifestara públicamente su inconformidad con el mandatario vigente que, como hemos visto, venía acumulando cuotas de poder verdaderamente desproporcionadas. Huelga decir que esta reforma constitucional introducía una daga en el cuerpo de la democracia.

La promulgación de la Constitución Nacional de 1874 fue la gota que rebasó el vaso de los generales Pulido y Colina, quienes estuvieron a su lado hasta entonces, y se alzaron en armas en su contra. Esta vez el ejército que respaldaba al gobierno alcanzaba a cerca de veinte mil hombres, mientras los adversarios no llegaban ni a la mitad. El resultado fue favorable al poder constituido, y ya para 1875 reinaba de nuevo la paz, y los generales alzados habían pasado al exilio. La política trazada desde el comienzo, la de dejar que los caudillos regionales gobernaran en sus comarcas, surtía efectos favorables para el gobierno.

Por otra parte, Guzmán Blanco cambió el nombre de su partido, dejaría de llamarse Partido Liberal y pasaría a denominarse Gran Partido Liberal Amarillo. Soñaba Guzmán con que la mayoría de los candidatos presidenciales surgieran de la cantera de su partido y así fue. El debate electoral se animó a partir de finales de 1875, y después de haber apoyado al general Hermenegildo Zavarce, el gobernante se decide por la candidatura del general Francisco Linares Alcántara, uno de los caudillos que lo siguió desde el momento mismo de su desembarco en Curamichate. Guzmán Blanco entregó la Presidencia de la República el 20 de febrero de 1877, y el 18 de mayo se embarca con destino a Francia, como Ministro Plenipotenciario del gobierno de Venezuela.

Presidencia y muerte del general Francisco Linares Alcántara (1877-1878).

Los comicios en los estados tuvieron lugar en septiembre de 1876, y el Congreso Nacional perfeccionó la elección el 27 de febrero de 1877, imponiéndose la candidatura de Linares Alcántara por encima de la de Zavarce. Aunque al asumir el cargo juró hacerle honor a las glorias de Guzmán Blanco, y de inmediato lo nombró Ministro Plenipotenciario en Paris, la verdad es que Linares encabezó la reacción anti-guzmancista desde un comienzo, aprovechando su influencia sobre el Congreso Nacional para hacerse de honores que lo fueran estableciendo como un poder autónomo del de Guzmán.

Buscaba Linares distinguir su gobierno por un tono democrático distinto al de su antecesor, y por ello se hizo aclamar por el Congreso como el “Gran Demócrata”, a la vez que abría las puertas del país a los exiliados políticos, mediante un Decreto de Paz, firmado el 24 de mayo de 1877, seis días después de que Guzmán Blanco y su familia navegaran con rumbo a Francia. Este decreto permitió el regreso de un personaje anatemático para Guzmán: el arzobispo de Caracas Silvestre Guevara y Lira, con lo que la distancia entre Linares y su antecesor se hacía cada vez mayor.

La reacción contra Guzmán no sólo tomaba cuerpo en las aspiraciones personales de Linares sino que la alentaban muchos de los detractores del “Ilustre Americano”. El camino jurídico de esta reacción comprensible, después del ejercicio férreo del poder por parte de Guzmán, fue el de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que modificara el período constitucional de dos años, fijado por la Constitución Nacional de 1874, y se regresara al fijado por la Constitución Nacional de 1864, el de cuatro años. Este proyecto de extensión de su mandato puso en aviso, naturalmente, a Guzmán, que había establecido el período breve buscando que ningún otro jefe distinto a él quisiera eternizarse en el poder. No obstante esto, Linares avanzó con su reforma y fue sumando seguidores a su persona, por más que la prensa de entonces, la favorable a Guzmán, lo cubriera de insultos y, en honor a la verdad, él no reaccionara en contra de los autores de los ataques, haciéndole honor a su preconizado talante democrático.

Estando en funciones de gobierno el presidente Linares en La Guaira, enfermó súbitamente de una afección bronquial. Había salido de Caracas el 21 de noviembre de 1878, y falleció en la casa de la Compañía Guipuzcoana el 30 del mismo mes. La sorpresa fue mayúscula, al punto que comenzó a alimentarse una leyenda, nunca confirmada, según la cual Linares había sido envenenado mediante un jugo de lechosa, por mano de los guzmancistas. En todo caso, Nicanor Bolet Peraza le propuso a la Asamblea Constituyente reunida el nombramiento de un hermano de Linares, el general José Gregorio Valera, como Designado para sustituir a Linares, y al general Gregorio Cedeño como segundo Designado, cargo que no aceptó. Esta administración perentoria tenía el encargo de llevar la República hasta la celebración de las elecciones. Sin embargo, el general Cedeño se rebeló ante los hechos y encabezó el 29 de diciembre de 1878 la llamada Revolución Reivindicadora, cuyo objetivo era el regreso de Guzmán Blanco al poder.

La presidencia de Linares deja muchos interrogantes abiertos. ¿Si no hubiese fallecido habría tenido fuerza suficiente como para enfrentar la reacción de Guzmán a su proyecto político? No lo sabemos. No obstante, luce prematura la reacción anti-guzmancista de Linares, ya que la fuerza que éste había acumulado en el país no era pequeña, y las posibilidades de éxito en el enfrentamiento no eran suficientes. Sin embargo, Linares en la búsqueda de su propia gloria encabezó su propio proyecto, y la muerte lo sorprendió en el intento.

Segunda Presidencia del general Antonio Guzmán Blanco

(1879-1884) “El quinquenio”.

La Revolución Reivindicadora encabezada por el general Cedeño se impone, mientras Guzmán Blanco se embarca en Francia con rumbo a Venezuela. Llega el 25 de febrero a La Guaira,  el 26 se encarga del mando, el 27 nombra un Congreso de Plenipotenciarios que restituye la Constitución Nacional de 1874, a partir de su primera reunión en abril. Este Congreso designa a Guzmán Presidente Provisional, ordena que se coloquen las estatuas en su lugar, y anula los actos del gobierno de Linares Alcántara, incluso los acordados por la Asamblea Constituyente y, satisfecho, Guzmán regresa en junio a Paris a buscar a su familia. Deja encargado a Diego Bautista Urbaneja, y se inicia el proceso de convocatoria de las elecciones, que se llevó a cabo en medio de muy poca controversia y, en consecuencia, muy poco entusiasmo. Obviamente, resultó electo Guzmán Blanco. Como vemos, no fue una tarea demasiado ardua la restitución de todo lo que Linares había trastocado. Evidentemente, la fuerzas anti-guzmancistas no eran suficientes como para vencer a las del “Ilustre Americano”.

La reforma constitucional de 1881 y la eliminación del voto directo

En 1880, por indicaciones de Guzmán Blanco, se avanzó en la redacción de la reforma constitucional, la cual fue sancionada por el Congreso Constitucional, que tenía facultades constituyentistas, el 4 de abril de 1881. En esta Constitución Nacional de 1881, quedó establecida una nueva organización territorial, pasando la República de Venezuela a organizarse en nueve Estados. El texto constitucional consagra la creación del Consejo Federal, integrado por un Diputado y un Senador por estado, escogidos por el Congreso, y será este Consejo el que elegirá al Presidente de la República, con lo que la reforma constitucional elimina el voto directo para elegir el primer magistrado. Conserva el período bienal ya establecido antes y establece la no reelección inmediata tanto del Presidente de la República como de los integrantes del Consejo Federal. Esta inclusión de la figura institucional del Consejo Federal, a semejanza de lo que ocurría en Suiza, condujo a que popularmente se le conociera a esta Constitución como la “Suiza”, pero estaba muy lejos del espíritu democrático del país neutral, y muy cerca de una nueva reducción de los ámbitos de la libertad democrática.

Este año de 1881 Guzmán Blanco decreta, el 24 de mayo, que se tenga a la canción “Gloria la Bravo Pueblo” como Himno Nacional de Venezuela, en recuerdo, según reza el considerando del Decreto, de los hijos de la Gran Colombia: “fue el canto patriótico con que los hijos de la gran Colombia celebraban sus victorias y se alentaban en la adversidad”. Sin embargo, es de hacer notar que investigaciones posteriores señalan que lo que hace comprensibles algunas estrofas de la canción, es que esta se compuso días después del 19 de abril de 1810, cuando la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII no había sido rebasada por el proyecto patriótico, y más que un canto patriótico algunas estrofas lo que señalan es fidelidad al rey depuesto, en contra del usurpador francés. Si es cierto que se cantó mucho a partir de su composición, y fue cantada por los patriotas, pero no deja de ser un contrasentido que los patriotas entonaran un canto en defensa de un rey. 

La era de los ferrocarriles

En estos años el “Ilustre Americano” se empeñó en la modernización del país en distintos ámbitos. Estimuló la creación del sistema de líneas de telégrafos, así como la construcción de vías férreas. Se iniciaron las vías Valencia-Puerto Cabello y la muy esperada Caracas-La Guaira. La fórmula que halló Guzmán para convencer a las empresas constructoras inglesas y alemanas fue la de garantizarles un retorno de sus inversiones hasta del 7%, tuvieran lugar o no en relación con los ingresos. Ocurrió muy pronto que los ingresos, que recibían las concesionarias por el uso de los servicios ferroviarios, no fue suficiente, y la República tuvo que responder por el porcentaje pactado. Este arreglo terminó siendo la ruina de las arcas nacionales, al punto que la República tuvo que endeudarse para cancelar el monto convenido, con lo que ya las deudas sumaban dos: las del contrato ferrocarrilero, y las del crédito solicitado para cumplir con el contrato, pero estos serán problemas que heredarán gobernantes posteriores a Guzmán Blanco.

El centenario del natalicio del Libertador

Hacia 1882 Guzmán manifestó su deseo, difícil de creer, de no querer seguir al frente de la primera magistratura para el período constitucional de 1882 a 1884, pero sus seguidores se lo impidieron, y el Consejo Federal lo eligió para un nuevo lapso, a partir del 17 de marzo de 1882. Buena parte del año 1882 lo empleó Guzmán Blanco en preparar el siguiente, ya que se cumpliría el Centenario del Natalicio del Libertador. Por este motivo el presidente presionó intensamente a la empresa inglesa constructora del ferrocarril Caracas-La Guaira para que estuviera a tiempo; se intensificó el plan de colocación de los primeros teléfonos; una pequeña planta a vapor iluminaba las calles del centro de Caracas; se inauguró el Parque Carabobo, la iglesia de Santa Capilla, y la Exposición Nacional que, a la manera parisina, se montó en Caracas, con el objeto de dar a conocer los progresos industriales y artísticos del país. Este año, además, Guzmán Blanco fundó la Academia Venezolana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua, de la que fue su primer Director. Fue la primera academia creada en Venezuela. Coinciden diversos historiadores acerca de la importancia de 1883 como el año en que comenzó el culto bolivariano en Venezuela. El bienio 1882-1884 concluye con la determinación por parte del “Ilustre Americano” de no optar por un nuevo período. Hace saber al Consejo Federal, eso sí, que su candidato para sucederlo era el general Joaquín Crespo, y así fue.

Primera Presidencia del general Joaquín Crespo (1884-1886).

Entre las candidaturas del general Venancio Pulgar, el doctor Juan Pablo Rojas Paúl y el general Joaquín Crespo, el Consejo Federal, aconsejado por Guzmán Blanco, escogió a Crespo, quien asumió la Presidencia el 27 de abril de 1884, mientras su antecesor se iba a Europa con su familia con rango de Ministro Plenipotenciario, en junio del mismo año. Primero se instaló en Londres, y luego se mudó a París.

El bienio para Crespo representó una ardua prueba de su fidelidad a Guzmán, ya que no fueron pocos los que se le acercaron con el ánimo de contraponerlo a su mentor y compadre. En este sentido, Crespo cumplió con la fidelidad que suelen exigir los caudillos hacia su persona, más que para con sus ideas. La situación de las arcas nacionales era de tal precariedad que se hizo necesario recurrir a un empréstito y a reducir en un 25 % el sueldo de los empleados públicos.

Ya cerca de cumplirse el Bienio 1884-1886 el Consejo Federal escogió de nuevo a Guzmán Blanco para regresar a la Presidencia, así lo hizo el 27 de abril de 1886. Sin embargo, el “Ilustre Americano” o no estaba seguro de querer regresar o le gustaba que le adularan, el caso es que tuvo que viajar a Europa una delegación para convencerlo de la necesidad de su regreso, cosa que lograron sin mayores problemas, y el general Guzmán llegó a La Guaira en agosto, en medio de un título que sus adulantes orquestaron con esmero: “El Aclamado de los Pueblos”, mientras al hecho de la asunción de la Presidencia se le llamó “La Aclamación Nacional”. Como vemos, la adulación estaba en su apogeo. Al no más llegar, Guzmán reconoció con grandes epítetos al general Crespo, lo llamó “modelo de hombres dignos”, mientras celebraba su fidelidad, al regresarle el mando sin aspavientos.

Tercera Presidencia del general Antonio Guzmán Blanco

(1886-1888) “La Aclamación”.

A pesar de haber sido electo en abril por el Consejo Federal, Guzmán Blanco desembarca en La Guaira con su familia en agosto. Con ellos venía un nuevo miembro del conjunto familiar, el duque de Morny, casado con Carlota Guzmán Ibarra. Ya el “ilustre Americano” había entrado a través de su hija en la nómina de la nobleza europea. No se apura para asumir la Presidencia, y lo hace el 15 de septiembre, cuando ya se hacía evidente que Guzmán no tenía urgencia en ejercer el gobierno.

La construcción de vías férreas sigue su curso (Caracas-Petare, Caracas-Antímano), y los negocios del Estado en los que participaba abiertamente Guzmán Blanco, también. Su fortuna personal seguía incrementándose, sobre la base de una confusión entre los asuntos públicos y los privados. No obstante, sería injusto que el comentario anterior quedara como conclusión única del largo período de influencia de Guzmán Blanco en la Venezuela del siglo XIX. En verdad, junto con la condenable práctica señalada, se propuso la modernización de distintos aspectos del país y en muchos de ellos logró avances importantes, sobre todo en lo que a modernización del Estado se refiere, ya sea en su vertiente educativa (el Decreto de Instrucción Pública, Gratuita y Obligatoria), en la jurídica (la redacción de los nuevos códigos), la urbanística y arquitectónica, así como en la propiamente política. Se propuso darle símbolos al carácter nacional, y por ello el país contó con un Panteón, un Himno, una moneda (el bolívar de plata), una iconografía patriótica (la obra encargada a Martín Tovar y Tovar para el Capitolio Federal) y la consolidación de un culto: el bolivariano.

En agosto de 1887, sin haber cumplido el Bienio completo, Guzmán Blanco se fue a Francia, dejando encargado de la Presidencia de la República al general Hermógenes López. No sospechaba entonces que jamás regresaría a Venezuela. La última Presidencia de Guzmán Blanco estuvo signada por el desencuentro entre el “Ilustre Americano” y el general Crespo, así como por el proyecto de resolver el diferendo con Inglaterra de manera confidencial. La larga suplencia del general Hermógenes López (agosto 1887-julio1888) concluye con la elección del doctor Juan Pablo Rojas Paúl. Por su parte, Guzmán no pudo regresar a Venezuela en lo sucesivo, y falleció en Paris el 28 de julio de 1899, a la edad de setenta años. Si el general José Antonio Páez fue el venezolano de mayor influencia política durante la primera mitad del siglo XIX, Guzmán Blanco lo fue durante la segunda mitad de la misma centuria.

La educación, las relaciones Iglesia y Estado, la reforma urbana, la creación de una iconografía y simbología patriótica, la selección de Bolívar como eje integrador de la nacionalidad, son aportes innegables de la tarea de Guzmán Blanco. También es cierto que sus reformas constitucionales constituyeron un retroceso en relación con las conquistas electorales alcanzadas. Eliminó el voto secreto y directo y redujo el período presidencial a unos extraños dos años que no guardaban relación con la tradición nacional. Para la democracia, los gobiernos de Guzmán fueron un retroceso lamentable, así como lo fueron su espíritu autocrático y el culto a la personalidad a extremos megalomaníacos, como no ha habido otro caso en nuestro país.