Miguel Angel Martinez Meucci

Doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación por la Universidad Complutense de Madrid. Licenciado y Magister en Ciencia Política por las universidades Central de Venezuela y Simón Bolívar, respectivamente. Se ha desempeñado como profesor y/o investigador en las universidades Simón Bolívar, Metropolitana y Católica Andrés Bello en Caracas, y desde 2017 en la Universidad Austral de Chile. Coordinador de los Postgrados en Ciencia Política (2012-2015) y fundador/responsable del Programa de Perfeccionamiento Profesional en Relaciones Internacionales (2011-2013) de la Universidad Simón Bolívar. Autor del libro Apaciguamiento. El referéndum revocatorio y la consolidación de la revolución bolivariana (Alfa, 2012) y coeditor de Transición democrática o autocratización revolucionaria (Ediciones UCAB, 2016), así como de una docena de publicaciones arbitradas en revistas especializadas de diversos países, de varios capítulos y reseñas de libros y más de 50 artículos de opinión. Consultor político para diversas organizaciones. Principales áreas de interés e investigación: procesos de cambio de régimen político; democratización y desdemocratización en la Venezuela contemporánea; el problema de la libertad, la democracia y la revolución en la teoría política.

Miguel Angel piensa que:

“Aunque originada en la antigua Grecia, la democracia se ha convertido en la forma política característica de la Modernidad. A día de hoy constituye, tal como afirmara Churchill, “la peor forma de gobierno, exceptuando todas las demás”. Todo parece indicar la existencia en nuestro tiempo de una relación importante entre democracia y prosperidad en los diversos ámbitos de la existencia humana. Ahora bien, la democracia moderna difiere de la antigua en aspectos importantes: ya no es directa sino representativa; se sustenta en la regla de la mayoría más que en el consenso razonado; incorpora la ideas de soberanía popular y del individuo como sujeto de derechos inalienables; y resulta impracticable si se la separa de un régimen constitucional y del estado de derecho. También contempla la necesidad de que los órganos de gobierno garanticen a los ciudadanos el acceso a una serie de bienes básicos de diversa índole. Estas modificaciones obedecen a la distinta naturaleza de las comunidades políticas modernas (estados nacionales en vez de las antiguas polis griegas) y a las incorporaciones realizadas por nuevas tradiciones de pensamiento político como las que encarnan el liberalismo político y el socialismo democrático. No obstante, ya entrados en el siglo XXI se constata la irrupción de factores y problemas que adquieren una dimensión inédita, entre los cuales se cuentan una nueva y profunda revolución del mundo del trabajo, las nuevas tecnologías de producción y comunicación, las redes sociales y la globalización en general. La complejidad creciente de nuestras sociedades presenta nuevos retos a la democracia y demanda de nosotros el ejercicio de un pensamiento nuevo, a la vez fresco y profundo, orientado a revaluar sus capacidades para seguir brindando el notable desempeño alcanzado hasta ahora. ”.

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